viernes, 17 de diciembre de 2010

Un estilo de vida saludable garantiza ojos sanos en la vejez


Fuente: Archives of Ophthalmology, 13 diciembre 2010

Las personas que tuvieron un estilo de vida saludable, con ejercicio, buena alimentación y sin fumar, son significativamente más propensas a tener ojos sanos.

El ejercicio y la dieta estuvieron relacionados con un menor riesgo de desarrollar cambios oculares degenerativos asociados con la edad, y junto con la ausencia de tabaquismo provocaron una "disminución especialmente profunda" de ese riesgo: más del 70 por ciento, precisó la doctora Julie Mares, de la University of Wisconsin en Madison.

"No necesitamos ser víctimas pasivas de los cambios de la vejez. Cosas relativamente pequeñas marcan la diferencia en si desarrollaremos o no degeneración macular asociada con la edad (DMAE)", dijo Mares, quien recomendó: "Comer bien, moverse y no fumar".

La DMAE es más común en los mayores de 75 años, un grupo que se triplicará en los próximos 40 años. Ya hoy uno de cada cuatro mayores de 65 años tiene signos precoces de DMAE.

El trastorno ocular aparece por el crecimiento de vasos anormales detrás de la retina o el deterioro de las células retinianas sensibles a la luz; ambos pueden llevar a la ceguera.

La condición no tiene cura, pero un ensayo clínico oficial de Estados Unidos reveló recientemente que una dosis alta de una mezcla de antioxidantes (vitaminas C y E, betacaroteno y zinc) retrasa su avance.

El equipo de Mares revisó información sobre la dieta, el ejercicio y el tabaquismo de 1.313 mujeres de 55 a 74 años, reunida en los 90.

A los seis años, se les realizó un control médico, incluido un examen ocular para detectar la DMAE: 202 mujeres tenían el trastorno; la mayoría en un estadio temprano.

El 11 por ciento del grupo con una alimentación más saludable había desarrollado DMAE precoz, comparado con el 19 por ciento del grupo con peor calidad alimentaria, incluido el consumo de frutas, verduras, granos integrales, grasa y azúcares, entre otros elementos.

Una de cada 10 mujeres que más ejercitaban tenía DMAE, a diferencia de una de cada cinco del grupo más sedentario.

Al combinar el efecto de la dieta, el ejercicio y la ausencia de tabaquismo, el riesgo de desarrollar DMAE disminuyó aún más, aunque el tabaquismo no influyó per sé.

El equipo analizó la relación de ciertos antioxidantes con el riesgo de desarrollar DMAE y las mujeres que más cantidad ingerían eran menos propensas a desarrollar DMAE, pero no tanto como las que tenían una alimentación saludable en general.

"Los resultados fueron más sólidos para la dieta saludable que para cada nutriente", dijo la autora.

En cuanto al ejercicio, aun aquellas participantes que no iban al gimnasio todos los días obtuvieron beneficios.

Diez horas de ejercicio suave, incluidas las tareas del hogar, la jardinería o caminar, u ocho horas de ejercicio moderado ("en el que se puede hablar") por semana, estuvieron asociadas con una reducción del riesgo de desarrollar DMAE.

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