miércoles, 5 de enero de 2011

Cuidar la retina para no perder la visión


Fuente: El nuevo Herald

La retina es la vital zona del ojo encargada de captar y transmitir las imágenes en forma de impulsos nerviosos al cerebro. Ser hipertenso, padecer diabetes o tener más de 50 años, son algunos de los factores principales que predisponen a sufrir problemas en la retina.

Gracias a la retina mantenemos abierta una ventana que nos permite establecer contacto con la realidad. Nunca está de más preocuparse de nuestro organismo en general, pero cuidar de que nuestra retina no se dañe es primordial por las repercusiones, tanto fisiológicas como psicológicas, que puede conllevar.

Son innumerables, no obstante, los riesgos que acechan a esa capa de tejido sensible a la luz, que conocemos como retina y que se encuentra en la parte posterior interna del ojo y que actúa como la película en una cámara fotográfica.

Peter Coffey, director de un grupo británico de investigación del University College of London (UCL), considera que la causa más común de ceguera es la Degeneración Macular Asociada a la Edad (DMAE), aunque se ha iniciado una vía de esperanza en el tratamiento de esa patología a partir del uso de células madre, que se podría empezar a aplicar antes de 2015.

La DMAE es una enfermedad ocular ocasionada por degeneración, daños o deterioro de la mácula, una capa amarillenta de tejido sensible a la luz ubicada en el centro de la retina, y que proporciona la agudeza visual necesaria para que el ojo perciba detalles que de otra forma se nos escaparían.

Según Coffey, el tabaquismo, una edad avanzada, los antecedentes familiares, un alto nivel de colesterol en la sangre, diabetes, obesidad, trombofilia y la hipertensión arterial son los factores que habitualmente derivan en DMAE, un problema que padecen unas 30 millones de personas en todo el mundo. Las estadísticas manejadas por el UCL indican que uno de cada 10 afectados termina sufriendo una ceguera absoluta.

El Departamento de Salud de Nueva York, por ejemplo, desarrolla periódicamente campañas para prevenir a la población de la degeneración de la mácula, que se manifiesta a través de la aparición de puntos ciegos en la visión, o una visión borrosa y/o distorsionada.

Las autoridades sanitarias neoyorquinas recuerdan que las personas afectadas por DMAE descubren de pronto con gran preocupación que muchas actividades cotidianas como leer o conducir resultan cada vez más difíciles de realizar.

Existen dos variantes de DMAE: la húmeda y la seca. Esta última, la más común, se produce cuando las células sensibles a la luz de la mácula se bloquean de forma lenta y provocan alteraciones en la visión.

La DMAE húmeda, que representa sólo un 10 por ciento de los casos diagnosticados, pero que se traduce en el 90 por ciento de los casos de ceguera legal, ocurre cuando una serie de vasos sanguíneos ubicados de manera anormal en la parte posterior de la retina comienzan a crecer debajo de la mácula de manera incontrolada.

Esos vasos sanguíneos atípicos tienden a ser muy frágiles y, a menudo, filtran sangre y fluidos, lo que provoca un desplazamiento de la mácula de su lugar habitual y un daño rápido e irreversible.

Según la SERV, la mayoría de los pacientes son mayores de 50 años y tienen como enfermedades asociadas, diabetes, enfermedad cardiovascular o hipertensión arterial.

Tanto es así, que hasta el 64 por ciento de las personas mayores de 60 años con oclusión venosa de la retina padecen hipertensión. Un factor que, si no se controla, puede motivar nuevas oclusiones o a la afectación del otro ojo.

Además, las oclusiones vasculares retinianas se asocian a mayor riesgo de muerte por causa vascular cardíaca o cerebral, por lo que un oftalmólogo es el especialista médico adecuado para detectar de forma incipiente esta patología y derivar al paciente al facultativo que pueda abordar con precisión las afecciones cerebrovasculares.

Según Gómez-Ulla, de las oclusiones de retina descritas por la oftalmología, la que se conoce por ``isquémica'' produce ``una pérdida grave de la agudeza visual que, en general, es inferior a 0.1 y, a menudo, sólo permite contar los dedos de la mano''.

De manera que el pronóstico es muy poco favorable y el tratamiento consiste en la rápida aplicación de fotocoagulación para prevenir la neovascularización, es decir, el desarrollo de nuevos vasos sanguíneos que pueden dar lugar a otras complicaciones.

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