viernes, 28 de octubre de 2011

Degeneración macular afecta a personas de 60 años de edad en adelante


Fuente: IMSS

La principal causa en la reducción del sentido de la vista en personas de 60 años de edad en adelante es la afección de la mácula en la retina del ojo, padecimiento degenerativo por envejecimiento.

La retina es uno de los tejidos más importantes para la vista y también es la encargada de absorber luz para transformarla en impulsos neuroeléctricos que se envían al cerebro, que interpreta lo que vemos.

Al centro de la retina se encuentra la mácula, una diminuta mancha oscura donde los pigmentos del ojo humano participan en reproducir la forma fina de los detalles y los colores de los objetos que vemos.

La degeneración macular es una enfermedad incurable pero prevenible, ya que el epitelio pigmentado (tejido formado por células) de la mácula se daña y ocasiona que la vista no funcione en forma apropiada.

La mácula deja de llevar a cabo su función y empieza a acumular sustancias, llamadas drusas (manchas amarillentas del fondo del ojo). En muchos pacientes, a pesar de éstas, su agudeza visual sigue bien porque no se ha afectado directamente a la parte más especializada de la mácula.

Cuando se tiene esta enfermedad, aunque los pacientes no tengan ceguera total, pues conservan su visión periférica, su calidad de vida disminuye porque no puede leer ni manejar.

Existen otros factores de riesgo que afectan el pigmento, tales como colesterol alto, tabaquismo (que envejece nuestros tejidos) y la exposición frecuente a los rayos del sol sin protección, ya que aún con los ojos cerrados, éstos atraviesan las estructuras corporales.

Este daño, acompañado de la ingesta insuficiente de antioxidantes, aumentan el riesgo de desarrollar enfermedades degenerativas maculares. La herencia también influye, ya que la alteración de ciertos genes en la población, predisponen al paciente a un envejecimiento adelantado de la mácula.

En etapas tempranas, o fase seca, el tratamiento farmacológico indicado es de antioxidantes en dosis específicas. Se recomienda llevar una dieta diaria con base en pescados azules y vegetales de hojas verdes, frutas de diferentes colores; evitar alimentos procesados y reducir la ingesta, en lo posible, de grasas animales, además de utilizar aceites crudos como el de oliva, cacahuate o girasol, para mantener niveles bajos de colesterol.

En la siguiente etapa, o fase húmeda, existen diferentes opciones de tratamiento como el uso de láser y terapia fotodinámica.

Por ello, las revisiones periódicas del oftalmólogo son necesarias, no sólo cuando ya hay problemas de visión, sino en forma preventiva, sobre todo si se tienen antecedentes familiares con pérdida visual de algún tipo.

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