miércoles, 14 de diciembre de 2011

Científicos argentinos demostraron el efecto de un lípido que favorece la supervivencia y el desarrollo de los fotorreceptores de retina


Fuente: Rosario3.com

El trabajo, publicado en la revista científica “Investigative Ophthalmology and Visual Sciences”, podría contribuir en el futuro a diseñar tratamientos más efectivos para enfermedades neurodegenerativas como la degeneración macular o la retinitis pigmentaria


Los lípidos o grasas son moléculas muy poco populares, porque suelen estar asociadas a problemas de salud tales como obesidad y aterosclerosis. Pero no todos son iguales. Científicos argentinos acaban de demostrar que el lípido ceramida 1-fosfato favorece la supervivencia y el desarrollo de los fotorreceptores de retina, neuronas encargadas de recibir la luz y transformarla en una señal que el cerebro procesa para ver el mundo que nos rodea.

Los resultados de este trabajo cobran relevancia si se considera que en muchas enfermedades neurodegenerativas de la retina, como la degeneración macular o la retinitis pigmentaria, estas neuronas fotorreceptoras mueren por un proceso llamado “apoptosis”, lo que lleva a una disminución irreversible de la visión o incluso a la ceguera.

“Existen ciertos tratamientos que permiten frenar el avance de algunas de estas enfermedades, pero hasta ahora, como ocurre con la mayoría de las enfermedades neurodegenerativas, no tienen cura”, explicó la autora principal del estudio, la doctora Nora Rotstein, directora del Laboratorio de Bioquímica de Lípidos en el Desarrollo Neuronal, en el Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Bahía Blanca (INIBIBB), que depende de la Universidad Nacional del Sur y del CONICET.

Estudios previos hechos con células de la sangre mostraban que la ceramida 1-fosfato podía estimular la supervivencia de estas células y hacerlas multiplicarse, pero no se sabía nada de su efecto en las neuronas de retina. En su modelo experimental, la doctora Rotstein y su equipo cultivaron neuronas de retina de ratas recién nacidas. “Ya habíamos visto que cuando cultivábamos a los fotorreceptores de retinas de ratas normales crecían muy bien durante cuatro días, pero después se empezaban a morir, también por apoptosis”, señaló la investigadora, quien añadió que el agregado de ceramida 1-fosfato lograba frenar la apoptosis y hacer que los fotorreceptores vivan más tiempo. “Descubrimos también que si agregábamos ceramida 1-fosfato inmediatamente después de poner las células de retina en las cápsulas, cuando aún eran capaces de dividirse, estas células se multiplicaban más, antes de convertirse en fotorreceptores”, indicó la docente del Departamento de Biología, Bioquímica y Farmacia de la Universidad Nacional del Sur.

El estudio, del que también participaron otros investigadores del CONICET como el doctor Luis E. Politi, director del laboratorio de Neurobiología del Desarrollo en el INIBIBB, y sus colegas Gisela Miranda, Carolina Abrahan y Daniela Agnolazza, mostró que la ceramida 1-fosfato aceleraba la maduración y aumentaba la proliferación y supervivencia de los fotorreceptores.

La ceramida 1-fosfato y otra molécula relacionada que también encontró el grupo bahiense, la esfingosina 1-fosfato, pertenecen a un grupo de lípidos descubiertos hace más de un siglo y cuyas funciones hasta hace poco no eran bien conocidas: los “esfingolípidos”. “Precisamente, el nombre refleja este desconocimiento. Al igual que la enigmática Esfinge egipcia, nadie sabía para qué servían. Hasta hace veinte años se pensaba que eran sólo componentes estáticos de las membranas que recubren las células. Actualmente, cada vez más evidencias indican que también actúan como señales dentro de las células, encendiendo y apagando procesos esenciales para la vida celular como vivir, crecer, multiplicarse o morir”, explicó la doctora Rotstein.

El trabajo podría inspirar nuevos enfoques terapéuticos. “Encontrar las llaves que evitan que se mueran los fotorreceptores y que favorecen su desarrollo son los primeros pasos para avanzar en el diseño de futuros tratamientos que sean más efectivos para abordar las enfermedades neurodegenerativas”, destacó la investigadora.

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