miércoles, 21 de marzo de 2012

Antioxidantes, ¿el elixir de la eterna juventud?


Fuente: La Vanguardia

Se elogian los productos que los contienen: vino, té verde, aceite de oliva, tomate, manzana, pimientos, café¿ Se venden en cápsulas, extractos, jugos, cremas¿ Se añaden en multitud de alimentos. ¿Qué tienen los antioxidantes que tanto reclamo provocan? ¿Qué hacen? ¿Frenan el envejecimiento?

Si del tomate se dice que previene el cáncer de próstata es gracias a su contenido en licopeno. Si la espinaca se considera un protector a nivel neurodegenerativo es por ser rica en luteína. Si el consumo moderado de vino tinto se relaciona con una mejor salud cardiovascular es debido al resveratrol y otros polifenoles. Si la cebolla y la manzana tienen fama de saludables es por su contenido en quercetina. Licopeno, luteína, resveratrol, quercetina... son antioxidantes. Y hay muchos más, algunos tan populares como la vitamina C o las isoflavonas y otros menos conocidos como el timol, la metionina o el ácido p-hidroxibenzoico, por citar alguno de los millares que los investigadores tienen detectados. Sólo en el tomillo se han identificado al menos 35 compuestos antioxidantes diferentes. Desde diferentes ámbitos, hay personas que llevan 15 o 20 años investigando sobre los antioxidantes de los alimentos. ¿Por qué? ¿Qué los hace tan interesantes?

Pues que son capaces de contrarrestar los radicales libres y los procesos de oxidación del organismo, esos que dañan células y órganos, que deterioran el cuerpo con el paso de los años. De ahí que se haya especulado con los antioxidantes como el posible elixir de la eterna juventud, asociando su capacidad para contrarrestar los radicales libres con la posibilidad de frenar el envejecimiento. Pero quienes, como Francisco Tomás-Barberán, investigador del CSIC y coordinador del proyecto Fun-c-food sobre alimentos funcionales, llevan tiempo trabajando con antioxidantes y poseen prestigio internacional en la materia por, entre otras cuestiones, haber logrado concentrar en cápsulas el resveratrol, uno de los antioxidantes que más interés ha despertado en la comunidad científica, aseguran que no, que estos compuestos “pueden mejorar algunos patrones de salud, sobre todo en lo que se refiere a la funciones vascular e intestinal, pero no evitar el envejecimiento”. Alfonso Carrascosa, investigador del Instituto de Investigación en Ciencias de Alimentación CIAL-CSIC, también lo deja claro: “Los antioxidantes no son la panacea contra el envejecimiento o contra el alzheimer; no es fácil comprobar su efecto beneficioso en el ser humano”. Tomás-Barberán explica que no todos los compuestos que tienen actividad antioxidante en el tubo de ensayo la tienen en el organismo humano, porque su eficacia depende de muchos factores. “Ahora se ha descubierto que en la absorción de estos compuestos desempeña un papel fundamental la microflora, los microorganismos que tenemos en el aparato digestivo y que transforman los antioxidantes de las plantas en moléculas que se absorben y tienen efectos beneficiosos en nuestro cuerpo; y recientemente se ha publicado que hay al menos tres tipos diferentes de personas por sus enterotipos, por el tipo de bacterias intestinales que poseen, así que puede ser que unas metabolicen unos antioxidantes y otros no, y que el alimento que beneficia mucho a unos no sirva para otros”, detalla.

Rosa M. Lamuela, directora del equipo de investigación de antioxidantes naturales de la Universitat de Barcelona (UB), coincide en que cuesta atribuir a qué alimento o a qué compuesto de los muchos que lleva cada alimento obedece el efecto beneficioso que se observa entre quienes llevan una dieta rica en antioxidantes, pero afirma que consumiendo alimentos ricos en antioxidantes se está más protegido frente a los biomarcadores que indican procesos de oxidación, y la oxidación tiene que ver con enfermedades cardiovasculares como la arteriosclerosis, el cáncer o enfermedades neurodegenerativas, como el alzheimer o la degeneración macular. “Con los antioxidantes no puedes parar esos procesos pero sí disminuirlos; se ha comprobado que quienes consumen alimentos ricos en ellos mejoran sus biomarcadores”, explica.

Según Lamuela, aunque faltan investigaciones que permitan comprobar los beneficios reales en el organismo de los compuestos que muestran propiedades antioxidantes en el laboratorio, sí se han hecho estudios comparativos que han permitido comprobar que los parámetros ligados a la oxidación y a la inflamación –como el colesterol malo o los indicadores de inflamación molecular, que inciden luego en muchas enfermedades–, mejoran al cabo de una semana en las personas a las que se proporciona vino (rico en antioxidantes) y no entre aquellos a quienes se suministra ginebra (que tiene alcohol pero no antioxidantes). También se ha probado un mayor efecto sobre esos indicadores cuando se toma aceite de oliva virgen –rico en polifenoles– en lugar de aceite de oliva refinado; o que el consumo de chocolate negro mejora más esos parámetros que el chocolate blanco. Añade que también hay trabajos con animales de experimentación que demuestran el efecto de la espinaca como protector a nivel neurodegenerativo; y otros que prueban que las personas que consumen polifenoles tienen mejor presión arterial, y que quienes más consumen son quienes tienen menor presión arterial. Reconoce, no obstante, que faltan muchos estudios para ver si hay algún efecto concreto sobre el envejecimiento y para analizar sus efectos acumulativos, si es igual apostar por los antioxidantes al llegar a la madurez que tomarlos desde niños, por ejemplo.

Pero, ¿cómo funcionan los antioxidantes? ¿Son todos iguales? “Son compuestos que bloquean el oxígeno, que es uno de los componentes químicos más agresivos en nuestro planeta; de hecho, no se descubrieron en relación con las enfermedades degenerativas, sino por el ataque del oxígeno a los metales y la observación de que había determinadas sustancias anticorrosivas que los protegían; luego se vio que esas sustancias están en los alimentos, y que las plantas son los organismos que tienen más antioxidantes porque los desarrollan para protegerse del oxígeno”, explica Carrascosa. Jesús Román, experto en nutrición y miembro de la Sociedad Española de Dietética, subraya que nuestro metabolismo es una máquina de combustión que necesita oxígeno para, entre otras cosas, respirar. “Pero esos procesos producen radicales libres, átomos a los que les sobra un electrón y que buscan reaccionar con cualquier otra sustancia –el colesterol, el ADN, las arterias...– para descargarse; si por el camino encuentran un antioxidante, este los capta, los neutraliza, y así no dañan otros tejidos”, resume. En cambio, si el oxígeno reacciona con el ADN altera su composición y, con ello, los mecanismos que tienen que ver con la genética, provocando daños celulares, cambios en la composición original de los órganos y alteraciones en su función. “Se ha comprobado, por ejemplo, que en los procesos cancerígenos hay una oxidación de sustancias que induce a mutaciones que atacan al ADN, y por eso se piensa que los antioxidantes pueden ayudar a prevenir ciertos tipos de cáncer”, apunta Carrascosa.

José Viña, catedrático de Fisiología de la Universitat de València e investigador de los procesos oxidativos y el envejecimiento, explica que, al margen de los que ingerimos, nuestro cuerpo posee antioxidantes endógenos que se producen como reacción a los radicales libres, que de alguna manera actúan como un estimulador de las propias defensas. Por eso advierte que atracarse a antioxidantes –por ejemplo, tomando concentrados de vitaminas u otros compuestos– puede resultar contraproducente, porque se neutralizan todos los oxidantes y no se permite al cuerpo generar sus propios antioxidantes y defensas. Jesús Román asegura que en los niños y en las personas sanas los procesos de oxidación del organismo se ven contrarrestados por los antioxidantes que produce el propio cuerpo o que obtiene de lo que uno come. “El desequilibrio se produce si hay una mala dieta, falla el metabolismo o forzamos mucho el organismo –como los deportistas de élite–, porque entonces aumenta la oxidación, y la forma de evitarlo es una dieta rica en antioxidantes”, comenta. En el último congreso de la Federación Europea de Sociedades de Nutrición, se puso de manifiesto que los oxidantes, como los radicales libres, también tienen funciones valiosas, como potenciar las defensas, y que por eso no hay que tratar de acabar con ellos, sino lograr un equilibrio entre oxidantes y antioxidantes. En ese marco, José Viña hizo hincapié en cómo el ejercicio, la actividad física, genera radicales libres y, sin embargo, resulta saludable salvo en alta competición.

Hay bastante unanimidad en que, con carácter general, los antioxidantes funcionan bien en dosis bajas y mantenidas, que es como se ingieren en la dieta, sin que se pueda demostrar la funcionalidad concreta de cada uno de ellos, puesto que los alimentos, además de antioxidantes contienen cientos de ingredientes que también previenen enfermedades. De todos modos, sí que se ha comprobado que no todos los antioxidantes son iguales ni producen los mismos efectos. “En función de sus características afectan a un proceso u otro del organismo; con un simulador gastrointestinal que reproduce el funcionamiento y los jugos del intestino hemos comprobado, por ejemplo, que los polifenoles de la uva tienen efecto antimicrobiano, que actúan contra la bacteria que causa la úlcera gastroduodenal y contra la que produce la mayoría de enfermedades diarreicas”, explica Carrascosa. Viña, por su parte, asegura que los polifenoles no tienen tanta relevancia como antioxidantes en sí mismos como por su capacidad para estimular los antioxidantes propios. Explica que hay estudios hechos en conventos que demuestran que las monjas que tomaban dos vasos de vino al día aumentaron sus niveles de defensas antioxidantes. Y relaciona estos polifenoles con la llamada paradoja francesa: el hecho de que en Francia no haya más población con altas tasas de colesterol pese a su dieta rica en grasas animales, lo que se atribuye al hábito de comer con vino.

Hay otros antioxidantes, como la vitamina C o la E, que atacan directamente a los radicales libres. Pero tampoco actúan igual. La vitamina C, hidrosoluble, evita daños en los compartimentos acuosos, mientras que la E, liposoluble, protege los tejidos grasos. “Por eso lo importante es combinar, llevar una dieta rica en frutas y hortalizas variadas para ingerir todo tipo de antioxidantes: los que impiden que se formen oxidantes y los que evitan los daños de la oxidación”, remarca Viña. Tomás-Barberán añade que los antioxidantes también desempeñan un importante papel a la hora de proteger otros nutrientes y facilitar su absorción. “La vitamina A, C y E se degradan durante la manipulación del alimento y la digestión, así que si el producto contiene polifenoles esas sustancias se protegen más y los niveles de vitamina absorbidos por el organismo son superiores, y cuando comemos pescado azul, cuyos ácidos grasos insaturados se oxidan con facilidad, los absorberemos mejor si los tomamos con vegetales que contengan antioxidantes”, explica.

Más allá de los que ingerimos en los alimentos, cada día se venden más en pastillas, jugos, extractos añadidos a otros productos... Y es en este ámbito en el que los antioxidantes suscitan más controversia. Hay expertos que desconfían de esta ingesta extra amparados en que no se ha demostrado la funcionalidad aislada de cada uno; los hay que advierten que tomados en dosis altas se convierten en prooxidantes, y hay quienes opinan, como Tomás-Barberán, que no se puede generalizar. “El principal antioxidante del aceite de oliva virgen se absorbe mejor dentro del aceite que aislado, pero en otros casos el principio activo es pequeño y si se incrementa con un suplemento dietético mejora su absorción, o si se protege en una cápsula se evita que se degrade en el estómago”, justifica.

Diferentes tipos

Hay antioxidantes enzimáticos y no enzimáticos, liposolubles e hidrosolubles, producidos por el cuerpo o absorbidos por el intestino... Hay miles, y cada alimento puede tener 80 o 100 diferentes. Los más conocidos son:

Vitamina C o ácido ascórbico

Es el más abundante en los tejidos vegetales, y en determinadas circunstancias puede actuar como prooxidante. Se encuentra en frutas y vegetales, como pimientos, fresas, kiwi, cítricos...

Vitamina E (tocoferoles, tocotrienoles)

Se encuentra en los aceites vegetales, en las nueces, avellanas, almendras... Se ha comprobado que una sola molécula neutraliza muchas moléculas de oxígeno antes de ser degradada.

Carotenoides

Es el caso del licopeno del tomate o la sandía, o el caroteno de la zanahoria, los pimientos rojos o el melocotón, entre otras frutas y verduras. Se ha comprobado que secuestran diversos radicales libres.

Compuestos fenólicos

Engloban tanto los flavonoides (las populares isoflavonas de la soja o las lentejas; los antocianos que dan el color rojo, azul o púrpura a muchas plantas, como la piel de las uvas negras), como los ácidos hidroxicinámicos del café o el zumo de manzana. Hay compuestos fenólicos en el té, la cerveza, el vino tinto, el aceite de oliva, los cereales, la cebolla, la manzana, las judías, los guisantes, el chocolate, el orégano, ...

Selenio

Es un micromineral antioxidante que se encuentra en alimentos de origen animal –como mariscos, pescados, hígado, carne– y en los vegetales y cereales integrales.

Antioxidantes endógenos

Entre los producidos por el cuerpo están el glutatión, la ubiquinona o coenzima Q, la melatonina y el ácido úrico, por ejemplo.


De más a menos

Algunos de los alimentos de uso cotidiano con mayor capacidad de absorción de radicales libre (ORAC), según las pruebas en laboratorio, son:


Ciruelas negras

Chocolate negro

Arándanos

Alcachofa

Moras

Frambuesas

Chocolate sin azúcar

Manzanas

Nuez pecana

Fresas

Cerezas

Judias pintas

Nueces

Ciruelas pasas

Chocolate con leche

Zumo de pomelo

Uvas rojas

Almendras

Pasas

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